miércoles, 27 de febrero de 2013

Vidas cruzadas (1a parte)

Este relato fue escrito cuando acababa de leer Alejandro Dumas (padre) y sus Tres Mosqueteros que fue uno de los primeros libros -que no el último- que disfruté de este autor. Es mi pequeña forma de honrar esta literatura...a mi estilo. 


Y de golpe abrió los ojos, asombrada y aturdida, sin poder ver con claridad la estancia donde se encontraba. ¡Ahora lo recordaba!, se había desmayado.

Le dolía el costado, pero había tenido suerte, la cartera de cuero que llevaba por dentro de la ropa le había salvado de ser herida con más gravedad.

Mientras reflexionaba sobre la razón que le había impulsado a interponerse entre aquel muchacho y su agresor, éste, apareció por la puerta con unos paños y un bote que parecían contener algún tipo de ungüento.

- ¿Cómo te encuentras valiente? Estamos en una habitación del hostal.

- Emmmm... Bien, mucho mejor. ¿Pero qué ha ocurrido?

- Me has salvado la vida. Aquel rufián quería herirme por haber bailado con su prometida, la cual, parece ser que le rechazó hace unos días... ¡Pero dejémonos de tonterías, lo importante es ver como está tu herida! Quítate esa casaca y la camisa, tenemos que curarla.

- ¡No, por favor! No se preocupe Monsieur, apenas sangro... "Lo que faltaba, que me descubriera este maldito libertino, disfrazada de caballero huyendo de mi propio hogar" - Pensaba mientras hacía todo lo contrario a lo solicitado por su Anfitrión. - Llámame Philip, por favor. Ya es la segunda vez que te veo. Esta noche estabas en la fiesta de disfraces en casa de la familia Belmonte. ¿Verdad que eras tú? Montaste un buen espectáculo para querer salir de allí. ¡Ni que fueras el desdichado que se tiene que casar con la heredera!

Suspiró, y después de dejar los útiles para la cura, se sentó en la silla situada delante de la cama, frente a ella, la cual ya no encontraba más botones que abrochar. La muchacha comenzaba a sudar sólo con pensar en que en cualquier momento, con un simple gesto o frase, podía dar a entender su verdadera identidad.

- Tendremos que compartir la estancia. El posadero me indicó que no quedaban más y con vuestra herida no podréis cabalgar esta noche. Hacerme el favor de cobraros vuestra ayuda y quedaros aquí y descansar.

Ella comenzaba a sentirse desvanecer otra vez, así que aceptó la sugerencia de su "camarada". Aprovechó la salida de la habitación del muchacho que fue ha encargar la cena, cogió un par de los jirones de tela y apuró a anudándolos a la cintura para aliviar la herida sufrida "Es solo una noche, tal vez hasta me hará servicio para salir de esta región y siempre tengo a mano mi mosquete" - Pensaba mientras se volvía a estirar en la cama con una mano deslizada hacia el gatillo a la espera de la cena prometida.

El posadero les dio unas cuantas botellas de vino para amenizar la espera de la cena. Después de haber certificado su calidad con unos doblones de más, Philip comenzaba a subir las escaleras hacia el dormitorio cargado no menos que con 3 botellas. - Con semejante cargamento de alcohol, mi nuevo 'amigo' podrá dejar de pensar en su herida- Pensaba con afán de complacer al que le había ayudado tan desinteresadamente.

Al entrar en la habitación, como si fuera un acto reflejo, ella apoyó su mosquete en el hombro y con una mirada amenazante, preguntó quien osaba entrar sin picar a la puerta.

-Tranquilo-dijo soltando una risotada- Es mejor que ponga unas cuantas velas más, sino me volaras el sombrero y lo que hay debajo de él.

No tenia suficiente fuerza para seguir sujetando el mosquete y lo dejó intentando disimular el agotamiento. Encendió más velas y acercó una mesa hacía la cama situando las botellas y un par de vasos.

-¿Me dirás tu nombre, o prefieres que te llame extranjero?

- ¿Por qué dices eso?-Miró con cara extrañada por la pregunta que le acababa de realizar. Después recapacitó sobre las vestimentas que había decidido llevar para escaparse. Llevaba un pañuelo atado en la cabeza para disimular su larga cabellera negra y un sombrero. Vestía con una camisa blanca ancha (para disimular sus formas) con una casaca y pantalones curtidos en una especie de cuero poco común por esos lugares.-“Quien va a sospechar que es un disfraz que robé en la fiesta para huir”…Me llamo Joseph.

-¡Brindemos!


 
;