miércoles, 17 de febrero de 2010

Hace ya mucho tiempo


Un día como hoy ella cayó al suelo.
Yo me tape la cara.
Lloramos sin desconsuelo.


Un día como hoy fuimos a ver su tumba.
Yo lloraba.
Tú me abrazaste y me diste consuelo.


No fue un día como hoy me enteré que tú también te fuiste.
Ahora los dos estáis arriba.
Estoy segura que ella fue a recibirte.


Uno no piensa en la mortalidad hasta que alguien a quien nunca consideraríamos predestinado se marcha. Cuando tienes 14 años esperas que esa persona que metieron en la ambulancia aparezca por la puerta del centro de colonias en donde estabais para decir que no pasa nada, que esta bien. Cuando llega ese momento ya no vuelves a ser tú del todo otra vez. Pasas tiempo en que tu lengua se paraliza al querer pronunciar su nombre. Se convierte en un tabú recordar los momentos vividos y que no se volverán a repetir. Pero ya ha pasado mucho tiempo...
Cuando pasa por segunda vez, tu instinto es alejarte, poner mil excusas para no ver la realidad palpable de la ida. Porque así, cuando paseas o ves al alguien que te recuerda a esa persona de golpe te la imaginas en algún lugar del mundo, tal vez bien, tal vez mal pero viva.
Aunque sea un segundo... mientras tu cerebro recuerda.
 
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